Categoría: Asia

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Jordania tiene nombre de mujer

Cuando naciste en un pueblo, tus amigas de la infancia lo son para toda la vida, es norma. Cuando más del 50% de los habitantes son judíos, tus amigas se van a vivir a Israel.  Hasta que un día, las que quedamos desparramadas por  Argentina nos juntamos y decimos:  “¿Y si vamos a visitar a Clarita?”. Y ahí nomás comprás los pasajes y después (cuando te viene el resumen de la tarjeta, por ejemplo) le avisás a tu marido. Superadas todas las etapas pre-partida, que van desde el asombro, pasan por la indignación, el enojo y llegando casi al infarto de tu conyuge, estás allá y teniendo a Petra tan cerca, mirá si te la vas a perder. “¡Hasta Jordania no paramos!”  y te encargan la organización. ¿Tour? Ni loca, si es acá nomás, casi como ir a Mar del Plata… Los nombres de algunas ciudades suenan a lo que son. Por ejemplo, Puerto Madryn necesariamente tiene que estar sobre el mar. A otros hay que ponerles voluntad. Por eso cuando leí Wadi Musa  imaginé un lugar de ninfas saltando en oasis sobre el desierto, me vi bailando entre velos con 20 kilos menos y reservé el primer hotel que encontré con servicio de taxis desde la frontera.   Llegamos a Eilat a las 4 de la mañana. El paso abre a las 6:30 am. Después de 2 horas y media y sin dormir, nos permitieron entrar a la aduana. En Israel los trámites migratorios son rigurosos, pero con una organización casi perfecta, en 10 minutos los habíamos terminado.  200 metros más adelante están las oficinas fronterizas jordanas. No había nadie. Nadie es nadie. Lo más cercano a un ser humano era la foto de un señor con cara de sádico que nos miraba desde una pared. Empezamos a golpear puertas, a llamar (en español), a desesperarnos, bah. Media hora después y sin saber desde donde, apareció un hombre vestido de militar que nos miró con sorpresa y empezó a gritarnos en algo que supongo era idioma jordano. Más nos gritaba, menos entendíamos.  Con mi absolutamente nulo conocimiento de inglés le pedía aterrorizada: “plis, spic in inglish”. No se cuanto tiempo pasó hasta que una mujer vestida con burka bajó de un auto y nos hizo señas para que la siguiéramos. Tampoco hablaba inglés, mucho menos castellano. Le entegamos los pasaportes y nos dio un papelito que imaginamos era una visa. Documentos en mano, el militar gritón nos dejó pasar y salimos… a la nada misma. Todo a nuestro alrededor eran montañas desérticas. Rato después empezaron a llegar autos con gente que se nos abalanzaba al grito de “¡¡Taxi!!”. Supuestamente uno de ellos era el que habíamos reservado, pero  ¿cuál?. Insistentes como pocos, los supuestos taxistas nos hablaban en su lengua, hasta que uno me pasó un celular y del otro lado de la línea, una voz me gritaba (en Jordania todos gritan) algo. Creì entender “hotel” y les dije a mis amigas: “dijo hotel, debe ser este”. Recuerdo pocos viajes más aterradores. El chofer iba a 140 kms. por hora, fumando y hablando con el movil por caminos de cornisa, en un auto modelo 1975. Wadi Musa está lejos de ser un oasis paradisíaco. Es un pueblo con casas semiderruidas, de veredas altas y casi sin vegetación. Entramos espantadas al hotel, para enterarnos que nuestra reserva ¡no existía!. No importaba cuanto le mostrara el número y la confirmación, no nos daban habitación. El conserje reticente llamó a otro, que llamó a otro y a otro hasta que este (traductor del celular de por medio) chequeó nuevamente y milagrosamente la encontró.  Y también nos informó que el taxi que nos habían enviado estaba en la frontera esperándonos. Cuando estás de vacaciones, las tragedias se convierten en humor y decidimos arreglar el asunto del transporte más adelante (el agotamiento para tratar de entenderles nos ganaba). Petra es un parque enclavado en la montaña que se encuentra dentro del pueblo, lo recorrimos en pleno junio a la 1 pm. Con 50° a la sombra (que no hay), bajando y subiendo escalones y piedras. Valió la pena aunque la entrada cueste màs que ir hasta Londres para ver un recital de los Who. A la noche, muertas de cansancio, salimos para cenar. ¡Una cerveza helada! pedíamos. Pero en un país musulmán, el alcohol está prohibido hasta para los turistas. Eran las 8:30 pm y el pueblo estaba desierto. Cada tanto cruzaba algún beduino, mujeres ninguna. El espíritu valiente y aventurero nos abandonó y volvimos al hotel . El día siguiente sería mejor… A las 9:00 am venía el taxi para llevarnos nuevamente a la frontera (unos 130 kms.). Otra vez un auto destartalado y pequeño, nuestras mochilas apenas cabían en el baúl. El jordano daba vueltas por el pueblo y hablaba por celular, algo raro pasaba. Después de media hora, llegamos a una casa (siempre en  Wadi Musa), el chofer bajó y nos dejó encerradas  sin decir palabra. Un rato más tarde lo vemos cargando un andador de bebé, que pretendía que llevaramos sobre nuestras faldas. La situación era tan bizarra que no podíamos parar de reírnos, entraba el andador y salía una, no quedaba otra alternativa. Peleamos (él en jordano, nosotras en español), hasta que lo acomodó en el techo.  Visualicen: un auto viejo con un andador atado arriba y 4 argentinas con cara de “esto no puede ser cierto” adentro. ¡Por fin volvíamos a un país civilizado!. Cuando  la ruta de regreso estaba a nuestro alcance, el taxista paró el auto,  llamó por celular a alguien y me pasó el teléfono. Los jordanos tienen obsesión por hacerte hablar con desconocidos. En algo que parecía ser inglés, uno me gritaba (o al menos eso entendí) que debía pagar por el viaje que no habíamos tomado cuando llegamos. Lo único que me salía era decir “IU AR E LIAR!!!”.  Nuestro conductor seguía sin moverse. No se desde donde, otro coche nos cruzó, bajó un àrabe con una ametralladora y me apuntó diciendo

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Laos: El lugar natural más increíble que conocí en mis viajes

Tenía contratado una excursión de todo el día para cavernas, ver un campamento de elefantes y terminar en unas cascadas. Eran 3, de los lugares más emblemáticos de la ciudad, y de todo Laos. La investigación previa me causaba mucha intriga, y era uno de esos días que esperas con ansias. En Luang Prabang, me quede en un hostal, que está ubicado en medio de una especie de barrio humilde, con calles de tierra y casitas humildes. La camioneta me venía a buscar a las 8 am, que me llevaría a encontrarme con el resto del grupo para empezar la excursión. Llego tarde, y en el tiempo de espera paso una de esas cosas que te llenan un poco el alma. En la puerta del hotel, un nene de 8 años peloteaba contra la pared del hotel, solo pero divirtiéndose. Cuando salgo, me apoyo contra un árbol a mirarlo, y no paso más de 20 segundos, que el niño me miro y me tiro la pelota, como invitándome a jugar. Este es un claro y hermoso ejemplo de cómo a veces no existe barrera en el idioma, y si existe un idioma universal. El nene tenía la camiseta del barca, con la 10 de messi en la espalda. Pensé en decirle que era argentino, pero supongo que ahí si el idioma iba a ser una barrera, así que me mantuve en silencio intercambiando golpes de pelota de un lado de la calle a la otra. La camioneta no venia, y yo ni me preocupaba. Al ratito de estar peloteando, sale de una casa un chico mas grande, por deducción supuse que podía ser el hermano, que mirándome, armo un triangulo imaginario, y empezó a pelotear con nosotros. Y así la espera paso inadvertida. La camioneta llego, pero yo no me quería despedir de los chicos, así que haciéndoles la seña de “espera”, me fui hasta mi habitación, agarre la remera de la selección argentina que tenía en la valija, y se la regale al niño más pequeño. En un acto de pureza total, el niño atino a sacarse la camiseta del barca, pensando en que estaba metido en una especie de intercambio. A penas vi el movimiento de sus brazos, lo detuve, haciéndole entender que no me tenía que dar nada, los salude, y me subí a la camioneta. Creo que no llegaron a caer, ya que no pudieron levantar sus brazos para saludarme, solo se quedaron mirando. Ahora sí, la excursión. En el trayecto del hotel a la primera parada del dia, el transporte paro en 2 aldeas muy humildes, en donde además venden diferentes tipos de artesanías, y el turista puede ayudar, y ver a quien está ayudando. Luego fuimos al primer escenario. Las 2 cuevas budistas, a las cuales se llega mediante una especie de barco alargado, luego de un recorrido de no más de 45 minutos. Son dos cuevas, una que se mantiene con una oscuridad total, y la otra es más abierta, por lo que la luz del sol te da cierto margen de maniobra dentro de la cueva. Son lugares naturales, mágicos, que albergan diferentes colecciones de estatuas budas, de todos los tamaños. Muy estilo Indiana Jones. Luego de ahí, fuimos a un campamento de elefantes, en donde te enseñan cómo cuidarlos, a darles de comer y hasta bañarlos, aunque yo termine mas bañado que el elefante que bañe. Una paradoja y anécdota muy divertida. Comen bamboo, y no se conforman con una, sino que piden varias que van almacenando en la trompa, para luego meterse todas juntas. Es algo que hay que vivir, aunque ojo con los lugares que te dejan montarlos en esos sillones de madera sobre sus lomos, porque supuestamente los animales sufren mucho, de chicos, para de grande poder soportar eso. Para el final, la frutilla del postre. Con casi 2 horas de camino, desde el campamento de elefantes, llegamos a las cuevas “Kuang Si Falls”, por lejos, el complejo natural, más maravilloso que vi en mi vida. Acá las palabras sobran totalmente, pero tratare de resumir mi experiencia con diferentes adjetivos calificativos. Agua celeste, no transparente, ya que en el fondo alberga como una especie arcilla la cual es beneficiosa para la piel, según decían. Tiene diferentes lugares para que te puedas meter, apenas llegue lo hice. No había nadie en el agua, literalmente nadie. Me saque la remera, la zapatilla y me metí. No tenía toalla, ni ropa de repuesto, algo que me percate después, cuando costaba secarse a la sombra. El agua estaba helada, muy fría, aunque el lugar ameritaba un esfuerzo para que aguante eso. Mientras más caminas por el complejo, encontras diferentes ollas para tirarte desde un tronco, o meterte desde la superficie. Y al final del camino, las cataratas Si Falls, con caídas de 50 metros, hacen de un espectáculo único, maravilloso, contenedor, sanador. El lugar natural más increíble que conocí en mis viajes. Y así termino el día. Un día de esos que cuando llegan al final, te das cuenta porque te gusta viajar, y cuanto bien hace. Laos es un país abrazador, amigable, chico, y contenedor, que sin duda hay que conocer, y al cual ya marque para volver. Muy natural, y todavía no muy pisado por los turistas. Por @BakeDario http://puedoserasi.blogspot.com.ar/

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Historias de la India

14/12/2001…. llegué a Mumbai , India Llegue por fin a Mumbai hoy a las 2.30am,  no entendía nada, no era un aeropuerto normal, era en medio de la nada,  hacía mucho calor, y estaba el cielo aún oscuro, olores muy fuertes a especias y  otros indescriptibles para mí. Apenas bajé del avión seguí la fila de gente que me llevaba a un hall donde un guardia sentado con una escopeta  le gritaba a todos, la humedad del ambiente era insoportable, se escuchaba un fuerte zumbido de mosquitos constantes y  grillos a lo lejos, todo eso en unos pocos segundos. Fue fuerte el shock pero alucinante al mismo tiempo, esto es increíble siento que pase a otra dimensión, no es como nada de lo que he conocido hasta ahora. Me quede en el aeropuerto y me hice amiga de una italiana nos quedamos charlando un largo rato, ella vino a la India  hacer meditación y me contó todo sobre el tema,  pero se fue a las 4.00am y me quede sola nuevamente. Me puse a leer y puse cara de venir seguido a la India, para que nadie siquiera se anime a acercarse,  porque  a  los  que  más miran es a los perdidos y no los dejan en paz, así que  me quede leyendo el libro Siddhartha que me regalaron Granada y sus amigos en Madrid. Me hicieron una despedida increíble, y aproveché para quedarme leyendo mi nuevo libro mientras esperaba mi valija que no llegaba nunca, no quería ni pensar que podría pasar si me volvía a tocar una situación similar a la que me toco vivir en la isla de Elba a casi 48 hs del casamiento de Richi y Matilda, llegamos a Italia y mi valija nunca llegó. Resulta que la habían mandado a Thailandia. Por fin la recupere,  si 1 semana más tarde cuando regrese a Barcelona ella llegó conmigo. Ese recuerdo me paralizo totalmente porque esto no era ni España ni Italia, estaba en India  sola y nadie hablaba casi inglés, por lo tanto me enyogize sin saber siquiera lo que era eso y comencé a visualizar a mi mochila Alphine Sckate en cada bulto que se avecinaba. Casi muero de ansiedad en la espera pero finalmente luego de un largo tiempo que para mi fueron años llegó. Salí entonces afuera de la estación,  ya estaba más claro el día, pero se oían muy fuertes los sonidos del bosque, como si estuviéramos inmersos dentro de la forestación. Cuando miré la estación a lo lejos me di cuenta que así era estábamos en medio de un gran campo, como el de Ezeiza pero esto era INDIA. Camine 2 pasos y cientos de hombrecitos se me abalanzaron para lograr obtener mi mochila y conducirme a sus rickshaws, cosa que me tomo de sorpresa y me asustó bastante, pero con mi mejor cara de Silvia Pérez vengo todos los años a ver a mi gurú, elegí a uno de ellos y me subí. Al Salvation Army, le indiqué muy decidida y comenzó el viaje a otro mundo….sin palabras…era una mezcla de incredulidad, con emociones, con olores y el calor húmedo que me pegaba en la cara,  a través del plástico que usaba como para viento el chofer. No podía perderme nada sentada en aquel  rickshaw que consiste en una motoneta que arrastra una caja de zapatos con asientos y ruedas que aun hoy en algunas ciudades (muchas de ellas)  lo hacen los mismos hindúes (tracción a sangre) corriendo descalzos por las calles. Este por suerte iba en su motoneta, la cual a mitad de camino comenzó a fallar y se paró en el medio de una avenida de Bombay. Antiguamente llamada, Mumbai, donde autos de todos lados la surcaban, ida y vuelta, derecha, izquierda por delante y por detrás, autos me refiero a estos bicharracos llamados rickshaws que no paran nunca son como abejorros que se meten a toda velocidad por todos lados y justo yo fui a elegir el mejor de todos, el que me honró en medio de la avenida…casi me infarto…rezaba por qué no nos llevaran puestos. La cosa es que ni siquiera le podía decir nada al pobre hombre por qué no me entendía  nada  no  hablaba inglés así que me dedique a hablarle en español y sugerirle que siga intentado que Sahi Baba o Dalai Lama o Buda o alguien nos ayudaría, tanta invocación de gurúes  llegó a oídos de alguno y el motor  revivió, también mi corazón, que comenzó a caminar paulatinamente, fue algo mágico todo ese camino, yo parecía una lechuza, la cabeza giraba en todas direcciones, no podía creer lo que veía, vacas en la calle mezcladas con la gente, como si fueran perros, gente durmiendo en la vereda, casas de cartón, las ruinas de algo que parece haber sido tan lindo, un imperio, pero venido abajo. Todo se entremezcla, la gente entre los autos pareciera que la fuésemos a  pisar pero de alguna forma sortean todos  los peligros y no pisamos a nadie, otros tan flacos que se desarmaban en la calle sentados. Todo aquí es muy tranquilo, se respira en el aire, nadie se pelea con nadie, conviven en una paz increíble y eso arma esta atmosfera de paz. A pesar  que los taxistas son lo peor, no se oye,  ni una blasfema, no se sobresaltan, todo requiere su tiempo. Las calles llenas de gente por doquier, familias viviendo en las calles, los famosos barrios de chabolas, era algo tan distinto a todos mis otros viajes, incluso a Marruecos, esto me gustaba mucho, muchísimo más. El taxi me dejo en el Salvation Army un hotel que van muchos mochileros y es donde quería ir para conocer gente, historias y recomendaciones de lugares y encontrar que era lo que podría hacer en mis 4 días de estadía allí. Tenía que comprar el billete para Goa, Arambol donde me esperaban mis amigos que ya estaban inmersos desde hacía casi 1 mes en esta cultura ancestral. Me llegaban hasta sus mails

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Japón: un viaje con pocas conexiones

Te encanta viajar y tenés la suerte de poder hacerlo. Tenés los medios, el estado físico, el tiempo… Así decidís un día cruzar el planeta, literalmente hablando, para ir a Japón. Yo no viajé mucho en mi vida, así que todo me sorprende y me deja maravillada. Creo que soy mala consejera de viajes, justamente por eso: todo me parece hermoso, genial, indispensable. Con todo ése entusiasmo empecé a planear el itinerario. No sé exactamente qué fue, pero nunca llegué a conectarme con la idea de visitar Japón. Sin embargo, veía que todos volvían fascinados y que cada vez más gente lo elegía. Uno de los problemas que tuve fue por comprar desde acá tickets para las actividades que queríamos hacer. Hay cosas que tienen tanta demanda, que necesariamente hay que comprar con mucha anticipación (la Tokyo Game Show, el Museo Ghibli, por ejemplo). Enseguida llegó la frustración de no poder traducir algunas páginas, de intercambiar mails en inglés con japoneses que claramente no entendían nada, de equivocarme con las fechas y tener que cambiar el itinerario, de que hubiera páginas que me rebotaban la tarjeta aunque el banco me la autorizara… Cualquier trámite sencillo era abrumador y complicado. Pero siempre me aferraba a la idea de que en cuanto llegue allá todo iba a estar mejor, porque el destino, según lo que decían, era espectacular. El vuelo fue larguísimo y complicado. Fueron 30 horas en el asiento del medio, con mi compañero muy descompuesto la primera mitad del viaje. Yo había pedido un menú vegetariano, que resultó ser una bandeja de arroz blanco mal cocido con una cucharada de arvejas, así que sumado a todo estaba casi sin comer. En lo único que pensaba, lo que me mantenía de buen humor, era en lo espectacular que iba a ser llegar. Pero la primera impresión (y la única, realmente) que tuve fue: esto no vale la pena, quiero volver a mi casa. En Japón pasa de todo y a la vez no pasa nada. Hay mil cosas para hacer, para ver, para recorrer, para comer, y sin embargo es muy fácil aburrirse. Es que no hay una noción de “caos cotidiano”, todo funciona como tiene que funcionar.  Llegué a pensar, después de un día muy largo, “necesito llegar al departamento y que no haya agua caliente, que no ande el módem, algo inesperado, cualquier cosa”. Con la comida me pasó lo mismo: Recuerdo haber dicho “estoy harta de comer arroz” al segundo día en ése país. Y es que ser vegetariana en Japón es eso: comer arroz, a veces huevo, un poco de soja. Y nada más. Para ser justa, yo nunca conecto mucho con las grandes ciudades. Pensé que saliendo de Tokio me iba a encontrar algo más, y  fui a Kioto y a Nara. No me malinterpreten: todo es hermoso. Pero una vez que viste un templo viste todos, y una vez que estuviste en el cruce de Shibuya te das cuenta que es lo mismo que Shinjuku y que Ginza y que Akihabara y que… La gente es un mundo aparte. Son muy educados pero para nada amables: Nadie te habla, nadie te ayuda cuando te ve perdido, nadie se mete en nada. Hacer sociales con un japonés es increíblemente difícil. Ni siquiera puedo decir que me sentí abrumada. Japón resultó ser un país que no me despertó nada, más que curiosidad por momentos breves, pero no más que la curiosidad que me puede generar cualquier sociedad más cercana. Aunque tengo que admitir que mi compañero, fanático gamer y nerd de profesión, tuvo una experiencia diametralmente opuesta. Quizás fui mal predispuesta, pero juro que lo intenté. Conocí lo más tradicional y lo más tecnológico: dormí en un hotel cápsula y usé consolas de videojuegos que acá ni se escucharon nombrar aún, pero nada logró sacarme la idea constante de que faltaba “algo” que Japón no me iba a brindar nunca. Volví a casa feliz de irme de ése país y sin entender la fascinación que lo volvió un destino tan de moda y codiciado. Mucho menos sabiendo que también para volver me esperaban otras 30 horas de asiento del medio y arroz blanco. Por @llenadpreguntas

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Hong Kong, una historia de amor.

Estuve en Asia por un mes y medio haciendo un curso en Singapur. De todo lo que pude ver Hong Kong fue lo que mas me impactó. Me parece que es una transición suave y hermosa a este continente maravilloso.   Asia es simplemente maravilloso. Te abre la mente, te enseña que hay otra forma de ver las cosas, simplemente te cambia la perspectiva de ver este mundo loco en el que vivimos. Te da esa sensación inexplicable de asombro, de satisfacción, te pone una sonrisa en la cara y no te la quita por el resto de la aventura. Es simplemente alucinante. Yo soy fiel creyente de que hay que visitar Asia por lo menos una vez en la vida. No digo que no haya que dejar de ir a Europa, que al fin y al cabo es indiscutiblemente es la cuna de la civilización occidental, pero si que quizás si puedes viajar todos los años, ¿Por qué no salir y hacer algo diferente al menos una vez? Estuve en Asia por un mes y medio haciendo un curso en Singapur. De todo lo que pude ver Hong Kong fue lo que mas me impactó. Me parece que es una transición suave y hermosa a este continente maravilloso.   Hong Kong es una ciudad global, un blend de culturas hermoso, abrazando el caos de la calle cantonesa, tendiendo también muchos elementos occidentales que la hacen muy agradable y fácil de manejar. Moverse es súper fácil ya que cuenta con un lindo sistema integrado de transporte. La octopus card (una especie de Sube), se puede comprar en el aeropuerto o cualquier estación de subte y sirve para andar subte, bus, ferry, etc. Todo esta súper claro y en Ingles. Ah y como buen dato si te queda saldo a favor al final del viaje, lo puedes recuperar en cualquier centro de atención, incluso en el aeropuerto. Es poder sumergirte en la locura de Kawloon, digamos que la zona más “oriental”. Puedes perderte en sus calles, regatear en sus innumerables comercios (hay un mercado que vende miles de boludeces para comprar y una calle donde solo se venden zapatillas), sin entender nada, pero ambiguamente sintiéndose en un escenario natural. Si te cansas del caos, camina hacia “Flower road”, una calle llena de florerías. La cantidad y variedad de plantas y flores te va sorprender. Bajando por Nathan road hacia el Harbour, se encuentra Tsim Sha Tsui, una zona más comercial con muchos shoppings de mayor rango, tiendas y restaurantes. Es notablemente más ordenado que Kawloon centro y agradable para caminar y hacer algunas compras si eso es lo tuyo. En tema de precios Hong Kong es usualmente caro, pero como en todo lugar se pueden conseguir buenas ofertas buscando. Dense una vuelta por Kawloon Park. Un bonito parque y centro recreativo en plana metrópolis. Una buena parada para respirar en medio de un día loco. Otra parada imperdible en la zona es el Hong Kong Museum of History, un museo que explica detallada y didácticamente la historia de Hong Kong, desde su formación geológica e historia biológica, hasta su historia Política, social y cultural, lógicamente haciendo mucho énfasis en el periodo de ocupación Británica y en como Hong Kong logra convertirse en el Hub comercial y financiero que sigue siendo hoy en día.   Por ultimo nada mejor que terminar el día en el Promenade, con vista a Hong Kong Island. Es una zona bastante turística donde se encuentra el museo de ciencias y el museo de Arte Moderno (actualmente cerrado por renovación). Esta lindo para caminar y ver el atardecer junto a uno de los skylines más impresionantes que he visto en mi vida. Si bien todos los días a las 8pm se realiza el Light Show, un juego de luces organizado por la ciudad junto a varias empresas que iluminan sus edificios en la noche, suele estar muy congestionado por lo que no se alcanza a ver bien. Mejor plan es subirse al “Star Ferry” (sistema de Ferry instalado por los Britanicos en los 1800’s para conectar Kawloon de Hong Kong Island, que sigue funcionando) y ver el juego de luces mientras cruzas a la isla.       Hong Kong también es caminar por las calles de Central uno de los «hubs» financieros y comerciales más importantes del mundo, ver ejecutivos de todos los tipos y colores hablando el mismo idioma, discutiendo temas de relevancia mundial, quizás ese ya es mi propio tema, pero todo escenario global, que muestre cómo todos estamos cerca y somos parte de lo mismo me fascina. Esa es una de las razones por las que amo viajar, sentirse parte del mundo, darse cuenta que todos somos parte de la misma cosa. Imperdible es subir a “The Peak”, el punto más alto de Hong Kong donde se tienen probablemente las mejores vistas a la ciudad. Como dato, en esa zona se instalaron los británicos al llegar a Hong Kong por esa misma razón, similarmente, la base y subida de la montaña sigue siendo una zona muy residencial, donde viven muchos expatriados y locales afluentes. Para subir al mirador hay un tranvía que cuesta 45 dólares Hongkoneses (algo asi como 5 y pico dólares americanos) y se puede pagar con la octopus card. También se puede subir caminando, pero no hagan como quien escribe, porque casi muero en el intento. Volviendo al tema, Hong Kong es una ciudad tranquila, natural, uno pasea por sus calles y se siente parte de ella, te invita a caminarla, descubrirla, es hermoso. Creo yo que puede ser un lindo comienzo a salir a lo nuevo y visitar Asia. Espero que les haya gustado este post y disculpen si más de una vez me he ido por las ramas, pero es difícil de explicar la fascinación que sentí en esa visita, algo que quise tratar de transmitir.   Por @Josetvller      

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De cuando fuimos a Japón (primera parte)

Viajar a Japón es tal vez uno de los destinos más lejanos que uno se pueda imaginar y todo lo que conlleva a eso, desde el idioma, comida, costumbres, además de todo lo que uno oye de alguien que fue a ese país. Cuando organizamos este viaje (RPM Plus junto a Calle de Boxes), allá por Octubre 2016, sabíamos desde el mismo momento que se sumarían muchos amigos y así fue. No obstante lo cual, cuando se empezó a diagramar el mismo nos dábamos cuenta que, para “la tierra del sol naciente”, se necesitarían más días de los que nos tenía acostumbrado los viajes que hicimos anteriormente. Como siempre y, como en cada aventura, lo principal es ordenar la coordinación logística de los aéreos. Realmente buscar una buena ruta para ir a Japón desde nuestro país nos llevó varios días, hasta casi un mes diría. Porque te preguntarás? La respuesta es simple: es tan lejos que pegarle de un solo tirón hace que el viaje resulte casi una pesadilla. Mirábamos 32hs, 35hs, 37:30Hs, mamaaaá era imposible hacerlo con el grupo, de modo que la opción más lógica y razonable era ir y volver por USA. Viajamos de EZE a HOU (Houston) y de ahí a Denver. La ida, como les cuento, la hicimos por Denver y el regreso por San Francisco, vía United Airlines. El Stop de un día en Denver sirvió para estirar las piernas además de dormir unas cuantas horas en el hotel y visitar mediodía la ciudad (como la nota no está dirigida a esta ciudad solo la nombro y no cuento lo que hicimos en ella). Nos esperaría 12:10Hs de vuelo para cruzar el charco norteamericano. Destino: Aeropuerto Internacional de Narita, en Tokio. Realmente debo confesar que estar coordinando un grupo de 24 personas no es fácil, mucho menos aún en tierra nipona, donde son miles de personas que te pasan de un lado hacia el otro y casi que te mareas de ver tanta gente. Perdes la noción del lugar ni bien giraste el cuello. El vuelo fue tranquilo y, como era de esperar, llegamos ya con los horarios cambiados por el Jet Lag. Si bien dormimos algo en Denver, no nos terminamos de acomodar a los horarios de allá hasta varios días después del arribo. LLEGABAMOS, SE PONIA BUENO Hay que tener bien en claro de cómo moverse en Japón. Lo principal es tener un buen router con internet  y ya allí tendrás buena parte del problema resuelto. Lo primero que hicimos fue ir a reclamar los JR Pass que ya nos habían llegado hacía varios días a Argentina. Un trámite lento donde uno tiene que presentar una especie de boleto que te mandan y ellos te lo llenan, presentando cada uno su pasaporte para chequear tu nombre y datos correctos. El mismo es muy útil (siempre y cuando lo vayas a exprimir al máximo) ya que te permite viajar por todo Japón cuantas veces quieras. Ya con el router y el JR Pass en mano nos dirigíamos a Oshiage vía el Kensei Line, un tren que llega a la Terminal 2 de Narita. Llegamos cansado y ya de noche al hotel, dejamos las valijas y a dar una vueltita por los alrededores. Al otro día (primer día), nos esperaba temprano en el hotel, Shinobu, un guía de habla hispana y de unos cuantos años (pisaba los 65). Con él fuimos a recorrer las atracciones que estaban cerca del hotel porque parecía que nos acompañaría la lluvia. Visitamos el Barrio de Asakusa, Templo Sensoji, Museo Nacional de Tokio (no me llamó para nada la atención y esperaba mucho más de él) y Parque Hueno, entre otras cosas. Ya para el segundo día, iríamos al Templo sintoísta Meiji, la avenida Omotesando, la famosa calle Takashita, el gran cruce peatonal de Shibuya, el jardín Shinjuku Gyoen, la majestuosa y comercial Ginza y, por la noche, fuimos a comer algunos a Roppongi Hills. Ya se empezaba a sentir el cansancio de los 10 Km de promedio de caminata diaria. El tercer y último día en la hermosa Tokio nos depararía la visita al Hamariku Garden (justo se estaban sacando fotos una pareja de recién casados), la isla artificial de Odaiba, Museo Nacional de Ciencia Futura (dos horas a mi juicio perdidas, creía que veríamos cosas de otro planeta y no fue así), Palacio Imperial por fuera ya que llegamos tarde (nos traicionó internet con el horario de otoño que cerraba una hora antes). El cansancio se hacía notar pero mucho quedaba aún por delante. Al otro día nos esperaría Kyoto ya tomando el Shinkasen, donde haríamos base por las 8 noches restantes de nuestra visita a ese país, pero eso es materia pendiente para mañana. Me despido para tomar fuerzas y retomar mañana. Hasta luego amigos…. Por @calledeboxes

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Descubriendo Capadocia

Cuando vi por primera vez las fotos de decenas de globos volando al mismo tiempo sobre el terreno volcánico de Capadocia supe que algún día yo estaría en uno de esos globos. Capadocia es el nombre de una región en Turquía, la cual está formada por varias provincias como Kayseri y Nevsehir. Esta región es famosa por su geografía, ya que su paisaje contiene formaciones volcánicas, lo que lo hace tan atractivo y único del mundo. Después de leer varios blogs y páginas con información sobre Capadocia, el viaje fue tomando forma y finalmente en Febrero de 2016 festejamos nuestros 5 años de casados volando en globo por la Capadocia. Dado que solo teníamos 2 semanas de vacaciones y decidimos recorrer Turquía y Grecia en el mismo viaje, solamente destinamos 2 noches en Capadocia. Por tal motivo 4,45 am nos paso a buscar un taxi por nuestro hotel en Estambul para llevarnos al aeropuerto de S. Gocken (SAW) de donde salen a mayoría de los vuelos low cost. Hay que salir con tiempo al aeropuerto ya que hay mucho tráfico en Estambul y se puede demorar hasta 1 hora. Nuestro destino era la ciudad de Kayseri (ASR) que se encuentra a 1 hora de Goreme (la ciudad donde nos hospedamos) la mayoría de los hoteles ofrecen el servicio de traslado desde el aeropuerto al hotel, asi que esto es muy fácil de coordinar. Viajamos con la aerolínea Pegasus Airlines, realmente este fue el vuelo más barato que pague en mi vida 19 euros por 1 hora y media de vuelo, despachando una valija y con un snack durante el vuelo. En Goreme la mayoría de los hoteles están construidos en las formaciones rocosas por lo cual se los denomina hoteles cuevas, por este motivo el hospedaje ya es de por si una de las atracciones de Capadocia. Nuestro primer día aprovechamos para visitar el Goreme open air Museum, un museo al aire libre ubicado a 1,5km de Goreme. Allí se encuentran una serie de iglesias excavadas en la roca pertenecientes al siglo X. Es realmente impactante ver esas mesas talladas en la piedra y los murales cristianos aun preservados en el interior de las iglesias. Nuestro segundo día nos despertamos antes de que suene el despertador con el llamado a oración que se escucha en los parlantes de una mezquita que está a solo 2 cuadras. Alrededor de las 5,30 am nos pasaron a buscar por el hotel y nos llevaron hasta la agencia de la compañía de globos a tomar el desayuno. Después de desayunar nos volvimos a subir a las combis y nos dirigimos a las afueras de Goreme, solo unos minutos después de encontrarnos en la ruta ya se divisaban decenas de globos empezando a elevarse en el amanecer de Goreme. Finalmente llegamos al lugar del ascenso y todos muy emocionados vemos como terminan de inflar el globo, nos presentan al capitán conductor del nuestro y nos dan las instrucciones a tener en cuenta. Nos ubicamos en nuestro globo, y los nervios surgen cuando el globo comienza a ascender, con dudas si me causara vértigo (como sí me paso en la torre Eiffel) y no animarme a asomarme por el borde del canasto para disfrutar del paisaje. Lentamente nos alejamos del suelo y es tan tranquilo el ascenso que no se percibe la altura a la que se está y el viaje se transforma en todo un espectáculo. Ver las otras decenas de globo a los lejos, otros encima y otros por debajo nuestro, rozar las copas de los árboles, ver Goreme desde la distancia y divisar las distintas formaciones rocosas de la Capadocia es que hacen tan especial y único el paisaje. Realmente fue un sueño vivir este viaje junto a mi marido y festejar nuestros 5 años de casados regalándonos este paseo el globo. Una hora y veinte después de ascender comenzamos el descenso en otro punto distinto en el que nos subimos, ya que depende de los vientos el mejor lugar para aterrizar.  Cuando el capitán nos da las instrucciones nos ponemos en posición de aterrizaje y el canasto toca el suelo. Al descender vemos como el globo comienza a desinflarse y nos dicen que nos acerquemos a tomarnos fotos, las cuales de por cierto fueron muy divertidas. Luego nos ofrecieron champagne, jugos y frutas para festejar el final del paseo. Volvemos al hotel alrededor de las 8,30 am y 9,15 nos pasan a buscar para realizar el Green tour.  Este tour es uno de los más completos y el que más se recomienda si solo se cuenta con 1 día en Capadocia. Los otros tours se denominan blue, red y yellow, están separados en base al circuito y lugares de la zona que se recorre en los mismos. En el Green tour se recorren varios lugares de las afueras de Goreme, uno de los más interesantes es la Ciudad Subterranea de Derinkuyu. En Capadocia hay más de 30 ciudades subterráneas, pero la de Derinkuyu es la más famosa por su profundidad, varios pisos de subsuelos. Inclusive según nos contó nuestra guía, varias de las ciudades están conectadas entre sí bajo tierra, pero son tantos los túneles que aún no se han inspeccionados todos. Iniciamos el descenso a la ciudad subterránea por un ingreso lateral que se hizo en la actualidad, hay grandes habitaciones separadas, lugares de guardado, mesas talladas en las piedras y lugares para alimentar animales en los primeros niveles. Es realmente impresionante ir descendiendo por esas pequeñas escaleras, por momentos hay que agacharse bastante para poder caminar. Se cree que estas ciudades se crearon con el fin de protegerse de los enemigos y también por cuestiones climáticas de la zona. Personalmente recorrer este lugar del cual no sabía nada y ver las condiciones en que vivían hace miles de años fue una de las sorpresas más interesante que visite en este viaje. Nuestro Green tour continuo por el Monasterio de Selime, similar al Goreme open air Museum, el cual cuenta

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