El Palacio Barolo es la típica joya arquitectónica que los porteños damos por sentada. Nos falta apreciación por nuestra ciudad, que tantas cosas tiene para ofrecer.

Qué lindo es ser parte de una comunidad que te da sorpresas… cuando le di RT al post del sorteo del Palacio Barolo pensé “qué interesante”, pero ni siquiera pensé “ojalá lo gane”, porque nunca se me da. Tan desacostumbrada estoy a ganar cosas que cuando me llegó la mención de QV al celular informando que había ganado, mi primera reacción fue pensar“¡Qué bueno, ahora Twitter informa automáticamente a todos los participantes de un sorteo los resultados finales!” ¡CUALQUIERA! En fin, realmente una sorpresa.

Así fue como me encontré el miércoles 16 de noviembre en Avenida de Mayo 1370, dispuesta a ser la primera ganadora de Quiz Viajero en hacer efectivo un premio. ¡Un honor!

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Voy a ser honesta… hasta el año pasado no sabía que el Palacio Barolo existía, y me enteré de la forma más rebuscada: siguiendo una cuenta de Instagram de un alemán que de casualidad viajó a Buenos Aires y posteó su visita al Barolo; de ahí me quedaron las ganas de conocerlo. El Palacio Barolo es la típica joya arquitectónica que los porteños damos por sentada. Nos falta apreciación por nuestra ciudad, que tantas cosas tiene para ofrecer.

En fin… vayamos a lo importante:

La visita

El Palacio Barolo es un edificio de la década del veinte, que fue ideado por Luis Barolo y diseñado por el arquitecto Mario Palanti, ambos inmigrantes italianos. Por alguna razón, Barolo tenía una obsesión con “La Divina Comedia” de Dante y con la idea de traer las cenizas del autor para guardarlas en el edificio, pero a la vez le buscó el lado rentable y decidió utilizarlo para alquilar oficinas.

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Barolo y Palanti no solo compartían la apreciación por la obra de Dante, sino que también eran masones y el edificio está lleno de símbolos de esta logia. Por ejemplo, en los ascensores de la planta baja se puede ver la escuadra y el compás en la A de ascensor, y una flor de Lis en la punta de la aguja que marca los pisos. En los pisos superiores, se repiten números y formas que representan a la masonería.

Fue el edificio más alto de su época, con exactamente 100 metros de altura y cuenta con veintidós pisos, dos pisos en el subsuelo y una cúpula con un faro giratorio. El arquitecto lo dividió en tres partes que representaban “La Divina Comedia”: infierno (sótano y primer piso), purgatorio, y cielo.

La visita comenzó mostrándonos la planta baja con sus nueve naves, pisos de mármol con los colores de la bandera italiana y esculturas de dragones en las columnas; luego subimos al cuarto piso, donde el guía nos contó más acerca de la arquitectura y cómo se componía el “Purgatorio” que ocupaba desde el tercer piso hasta el veintidós, donde llegás al cielo y ¡te convertís en ángel!

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Hacia allí seguimos la visita, subiendo hasta el piso catorce por el ascensor y luego juntando coraje y subiendo por las escaleras hasta el piso veinte, donde se encuentra el mirador. Una particularidad de las escaleras es que son muy pero muy angostas, si bien hay un ascensor que va del piso catorce al veinte, es muy pequeño y solo usado por las oficinas.

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Desde el piso veinte se tiene una vista 360° de toda la Ciudad de Buenos Aires. La noche estaba linda, aunque algo nublada, y pudimos ver el Congreso (una lástima que la cúpula no estaba iluminada), el Obelisco y también el edificio del Ministerio de Obras Públicas, con la figura de Evita bien visible. Vale aclarar que de noche no pude reconocer mucho más, pero en la entrada te dan un folleto marcando las muchas más cosas que se pueden ver de día: El Parque de la Ciudad, Tribunales, el Edificio Kavannagh y la Casa Rosada, entre otros espacios reconocibles.

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Una vez que todos sacamos unas cuantas fotos y descansamos, el guía nos separó en dos grupos y subimos dos pisos más al faro. ¡Acá sí que las escaleras eran para deporte aventura! Súper angostas, con techos bajos y paredes que sobresalían y hacían aún más difícil la subida, pero en fin… llegamos al faro. El espacio es todo de vidrio y hay unos almohadones para sentarse mientras el guía cuenta un poco la historia.

El faro fue pensado para que su haz de luz llegara hasta Montevideo, y por la potencia original podría haber sucedido, pero el arquitecto no tuvo en cuenta la curvatura de la tierra, por lo que la luz nunca llegó hasta Uruguay. Además, la potencia original de 300.000 bujías tuvo que ser bajada porque la luz confundía a los barcos que llegaban al puerto.

El faro quedó fuera de uso hasta que se lo volvió a prender para los festejos del Bicentenario del Primer Gobierno Patrio en 2010.

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Para finalizar el tour bajamos hasta el séptimo piso, donde Palacio Barolo Tours tiene sus oficinas, y nos mostraron cómo era una oficina típica de los años veinte. Cerramos la visita con una copa de vino y una pareja que bailó tango para el deleite de los turistas alemanes y brasileros que estaban en nuestro grupo.

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En resumen, porque me emocioné un poco escribiendo y esto se extendió bastante, fue una salida muy interesante, diferente y a través de la cual pudimos conocer una joya de la ciudad que es mucho más interesante que una fachada bonita.

Muchas gracias Quiz Viajero y Palacio Barolo Tours por la invitación.

 

Por Flor, @_flory__


 

 

Nota de QV

Muchísimas gracias Flor por tu onda, por tu texto, las fotos y por ser la primera persona de la HISTORIA que hace uso de un premio de Quiz Viajero. Ojalá seas la primera de miles y por qué no, cientos de miles.

Milllones de gracias a la gente que organiza los tours del Palacio Barolo por ceder entradas al increíble visita.

Para saber cómo conocer esta joya porteña, acá toda la información.

QV