
Así fue el viaje grupal a Croacia y Eslovenia 2026
Volví del viaje grupal por Croacia, Eslovenia y Trieste más que feliz. Y no es una forma de decir: el viaje salió incluso mejor de lo que imaginaba. Organizar un viaje así tiene dos cosas especialmente lindas. Una es bastante obvia: viajar. La otra es ver las caras de felicidad de quienes confiaron en la propuesta, en nuestro trabajo y también en nosotros para usar sus ahorros en una experiencia de tantos días. Esa parte también explica los nervios y la responsabilidad que siento antes de cada salida. Esta es la bitácora completa de lo que vivimos, con los lugares que me sorprendieron, los que me gustaron un poco menos, las decisiones que tuvimos que tomar sobre la marcha y algunas situaciones que hicieron que el grupo terminara funcionando como un verdadero equipo. Fechas del viaje El viaje se realizó del 23 de mayo al 9 de junio de 2026, con salida desde Ezeiza el 22 de mayo. Fueron 18 días y 17 noches. Itinerario resumido 2 noches en Trieste. 3 noches en Poreč, como base para recorrer Istria. 3 noches en Split. 3 noches en Dubrovnik, con excursión a Kotor. 1 noche dentro del Parque Nacional de los Lagos de Plitvice. 2 noches en Zagreb. 3 noches en Ljubljana, con visitas a Postojna y el lago Bled. Recorrido del viaje grupal a Croacia y Eslovenia 2026 El grupo Viajamos en un grupo de alrededor de 30 personas. Éramos muchos, pero desde el comienzo se armó un clima muy bueno. En la parte final, el micro directamente era un descontrol en el mejor sentido posible. Bitácora del viaje Trieste: una entrada que terminó siendo mucho más que eso Entramos al recorrido por Trieste y nos quedamos dos noches. En principio podía parecer una escala práctica para empezar el viaje, pero terminó siendo una de las primeras sorpresas. Me gustó muchísimo. Tiene una identidad particular, una mezcla de influencias y un aire distinto al de otras ciudades italianas que ya conocía. Además, durante una tarde libre aproveché para ir por mi cuenta a Muggia. Trieste Trieste fue una excelente manera de empezar: nos dio tiempo para llegar, acomodarnos y entrar en ritmo sin que esa primera etapa se sintiera como un simple trámite. Istria: Poreč, Rovinj, Pula, Motovun y Piran Desde Trieste pasamos a Istria y usamos Poreč como base durante tres noches. Recorrimos Poreč, Rovinj, Pula, Motovun y también Piran, ya del lado esloveno. El hotel de Poreč Istria me resultó muy diferente de la imagen que uno suele tener de Croacia. El interior es verde, ondulado y por momentos recuerda a la Toscana. En la costa, en cambio, aparecen pueblos con una presencia veneciana muy marcada. No tiene demasiado que ver con Dalmacia, que era lo que vendría después. Esa variedad fue uno de los grandes aciertos del recorrido. No estábamos viendo una sucesión de lugares parecidos: en pocos días cambiaban el paisaje, la arquitectura y el ambiente. Vistas desde Motovun Rumbo a Split, con una parada en Zadar Después de las tres noches en Istria salimos hacia Split e hicimos una parada corta en Zadar. Mi opinión personal es que Zadar está bien para conocerlo de paso, pero no le dedicaría noches en un itinerario de este tipo. Preferiría usar ese tiempo en Split. La espectacular Hvar Y Split fue, justamente, una de las mayores sorpresas del viaje. El centro histórico es espectacular, la costanera tiene muchísima vida y las islas de la zona completan un conjunto difícil de superar. Parte del querido grupo en el centro histórico de Split. Nos quedamos tres noches y me pareció la decisión correcta. Es una ciudad que merece tiempo y que, en mi caso, superó ampliamente las expectativas. Paseando por Hvar Dubrovnik: expectativas altísimas y aun así funcionó Desde Split seguimos hacia Dubrovnik. Llegábamos con las expectativas por las nubes, que siempre es peligroso, pero la ciudad estuvo a la altura. La vista desde el hotel de Dubrovnik. Increíble. También llegué con cierto temor por la cantidad de turistas. Sin embargo, la experiencia fue bastante mejor de lo que imaginaba. No sentí una saturación comparable, por ejemplo, con la de la Costa Amalfitana. El hotel tenía las mejores vistas que recuerdo haber tenido desde un hotel. Sí, mejores incluso que las del Llao Llao. Los atardeceres eran un plan en sí mismo y ayudaron a que esos días quedaran entre los momentos más fuertes del viaje. Con esta vista cenábamos en el hotel de Dubrovnik Kotor: pocos kilómetros que pueden convertirse en muchas horas Desde Dubrovnik hicimos la excursión a Kotor, en Montenegro. En el mapa son apenas unos 80 kilómetros, pero entre la frontera y una ruta costera lenta el viaje puede demorar entre dos y cuatro horas por tramo. Valió la pena. El camino es inolvidable y el centro de Kotor es bellísimo. Fue, eso sí, el único lugar del recorrido donde sentí de manera clara el peso del turismo masivo. Paseando por Kotor La vuelta en micro también quedó en el recuerdo. Puede haber circulado algo de alcohol, pero no puedo confirmarlo. El calor, el grupo y una guía clave Las temperaturas normales para esa época indicaban máximas cercanas a los 24 grados y mínimas de 10 o 12. La realidad fue otra: llegó aire muy cálido desde África y tuvimos alrededor de 30 grados durante casi todo el viaje, prácticamente sin nubes. Hubo que comprar ropa de verano y hasta trajes de baño. Dentro de todo, fuimos muy afortunados con el clima, aunque claramente no era lo que esperábamos al armar las valijas. El grupo fue maravilloso y Elisa, nuestra guía, tuvo mucho que ver con que todo funcionara. Es española, vive en Croacia desde hace unos 20 años y se siente croata. Tiene conocimiento, capacidad de organización y algo esencial para este trabajo: sabe manejar grupos y entiende especialmente bien a los argentinos. Los guías locales también estuvieron, en general, en un nivel muy alto. Elisa, nuestra gran guía Plitvice y una decisión que cambió












