«Viajar con mi papá» Por QuizViajero

 

A mi papá le encanta el arte, la música clásica, la historia, recorrer museos y viajar.

Cuando era pequeño me llevaba a toda clase de museos, acá en Buenos Aires. También cuando recorríamos el interior del país y alguna vez que me pudo llevar a Europa y a Estados Unidos. Tengo el recuerdo de haber pasado un día entero adentro del Louvre con 13 años. No recuerdo nada del museo, solo recuerdo que fue el día más aburrido de mi vida. No es que mi papá no le pusiera onda. Él trataba de explicarme, era didáctico, se preocupaba y deseaba que yo aprendiera y me interese por el tema. Pero la verdad? no me importaba nada. Quería salir de todos los museos y pasear por otros lugares.

Pasó el tiempo y me fui haciendo grande y dejé de vacacionar con mis padres. Me fueron cambiando los gustos, los intereses, empecé a valorar el arte y otras cosas que de chico no importaban nada. También empecé a viajar por el mundo. Y no es que me hice fanático del arte, para nada, pero entraba a los museos que «había» que entrar. Algunas cosas me gustaban, otras seguía de largo y otros las miraba porque eran obras famosas que había que mirarlas.

Pero una sensación empezó a recorrer mi cuerpo: por qué había ido a museos con mi padre cuando no me interesaba y no podía ir ahora que ya era grande y valoro las cosas mucho más? No sólo me dio esa sensación con los museos, sino con las ciudades enteras y la historia. Me parecía como que algo estaba mal, como que los tiempos en la vida y los viajes no se ajustaban a las necesidades o lo natural.

Entonces un día, ya con más de 35 años, lo encaré a mi papá y le dije que quería que nos fuéramos de nuevo de viaje. Como hacía casi 20 años atrás. Un reencuentro, pero muy distintos.

El problema es que mi papá me dijo que no. Que no correspondía. Que ahora en la vida lo correcto era él viajar con su esposa (mi mamá) y yo con mi familia. Lo acepté resignado…pero no tanto.

Desde ese momento, al menos una vez al mes, le quemaba la cabeza diciéndole que nos teníamos que ir de viaje juntos. Aplicaba golpes bajos del estilo «sueño con recorrer museos junto a vos y que me expliques cada una de las obras»; o «mi mayor deseo en la vida es pasar 4 días con vos adentro del Louvre y poder ver cada uno de los 2 millones de cuadros». Pero no funcionó. Y me rendí.

Pero cuando me rendí y ya la idea se me había ido de la mente, un día mi papá me propuso irnos juntos de viaje. WIIIIIII!!!!

Cuál es la ciudad del mundo con más museos por metro cuadrado? Washington DC. hacia allí enfilamos.

No todo fue museo, caminamos mucho, tomamos café en lugares muy bellos, hablamos de la vida, del pasado, del futuro, de historia. Intercambiamos pensamientos, tuvimos charlas que no habíamos tenido nunca antes. Me enseñó mucho sobre sus gustos, yo le enseñé los míos. Fueron días inolvidables.

Los museos eran solo una excusa.

Si tienen la suerte de tener a sus padres vivos y tienen la posibilidad de viajar con ellos, pocas cosas recomiendo más que hacer un reencuentro viajero con ellos. A donde sea, el tiempo que sea. Aunque sea un día.

La vida estará más completa.

QV

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