Líneas y formas. Colores y vestimenta. Estructuras, arquitectura y materiales. Miradas y ademanes. Todo es puesto en jaque para un estereotipado occidental al pisar tierra zulú.

Al salir del aeropuerto, rutas y autopistas se despachan con el mismo orden y prolijidad que en toda Sudáfrica. Entre lomas uno se va sumergiendo en el mundo Durban.

 

Al llegar, uno se mira constantemente. La ropa, las costumbres y todo lo que creía una obviedad se golpean de lleno contra la realidad salpicada por el Índico.

Por momentos uno se siente parecido y encuentra similitudes con un grupo de personas que pasean por ahí pero, al pestañear, se cruzan dos personas con túnicas apuradas por alcanzar el semáforo. El conductor, de rasgos árabes, toca bocina mientras pasa rápidamente. En frente uno ve un grupo de personas esquiva los puestos callejeros atendidos por nativos mientras un hombre alto y con plumas sobre su cabeza pregunta precios. Si toman esta esquina  con su semáforo y lo extrapolan a una ciudad se acercarían a lo asombroso de KwaZulu-Natal, provincia que alberga la ciudad.

Cualquier religión se marea al caminar por el centro de la ciudad. La mezquita más grande del hemisferio sur se hace gigante a los ojos pero, lo que más sorprende, es su inmediata cercanía a una iglesia católica. A pocas cuadras un templo hindú no les pierde pisada, nadie debería privarse de la preparación de un casamiento de este tipo.

La presencia europea tampoco es extraña si a la historia uno se remite. Un cabildo se enfrenta a la plaza principal y un teatro de arquitectura lejos de ser zulú se asoma por la otra esquina. Un par de monumentos portugueses no permiten olvidar a algún distraído su presencia por aquellos pagos.

La gran diva del paseo por la ciudad es la Milla Dorada. De norte a sur bordeando el océano un camino playero repleto de bares, ferias, muelles y puestos callejeros donde los turistas suman variedad a la atractiva mixtura étnica. El opulento norte con sus barrios cerrados, hoteles y shoppings enmarcan los alrededores de los estadios Moses Mabhida y Kings Park. El sur le pone punto final a la milla con uno de los acuarios más impactantes que me tocó ver, uShaka Marine World, seguido del puerto más grande del continente africano. Si tienen la oportunidad de pararse alguna vez y mirar el horizonte desde ese lugar van a verlo repleto de barcos entre la bruma. Hermoso. Como de postal.

Cuando el sol cae sobre el mar es inevitable un freno en alguna parada de la Milla. Mirando las variaciones uno no puede evitar hacer crecer su imaginación. Imaginen un lugar donde todo cambia. Imaginen Durban.

Por @matute_btn